No ha habido una consola con un nombre más acertado que Dreamcast. En la última máquina de SEGA se dieron cita varios juegazos que, además, tuvieron la deferencia de repartirse bastante bien los distintos géneros. Sorprendentemente, ni un Sega Rally ni un Daytona USA reinaron en el terreno de la conducción; un forastero había llegado al trono poco después de iniciar una revolución a golpe de estilo. Y no había cojones para negar que Metropolis Street Racer merecía estar allí.
Después Microsoft lo compró casi todo: el trono, el rey, sus sirvientes y la jodida cubertería de plata. MSR pasó a llamarse Project Gotham Racing y se convirtió en una saga para XBox. Dreamcast murió de tristeza, pero lo cierto es que los juegos seguirían siendo terriblemente buenos.
Ahora veo como el único y verdadero rey contempla sus tierras por última vez, esperando que las sigan cuidando con respeto y amor. Se me acerca a con semblante serio. Coge mi mano y pide amablemente que estire la palma, donde deja caer un par de monedas. “Toma, nen,
pa’ la moto”. Y se va.
(sust.) Del girego ????? kydos
Como no podía ser de otra forma, PGR4 mantiene los cimientos sobre los que se ha construido toda la saga: los Kudos. Se trata de puntos de estilo que recibiremos al derrapar, adelantar, completar sectores sin haber chocado, trazar bien curvas… ¿hay alguien que no lo sepa a estas alturas? Esta vez, no obstante, existen más formas que nunca de ganar Kudos.
En primer lugar encontramos el Modo Arcade[
1] , herencia directa de PGR 3. Las diferentes pruebas (carreras típicas, contrarreloj, eslalon de conos, adelantar un determinado número de vehículos… más o menos lo de siempre) están estructuradas en grupos y podemos superarlas en el orden que nos apetezca, con la limitación, eso sí, de que los grupos hay que desbloquearlos. Eso se consigue a base de medallas (van de acero a platino y determinan el nivel de dificultad), que a su vez logramos -
¡sorpresa! -superando retos. Todas valen igual cuando se trata de desbloquear, pero las más meritorias otorgan más Kudos.
El modo está prácticamente duplicado, pues la mayoría de eventos hay que superarlos con cuatro ruedas por un lado y con dos por otro, aunque existen unos pocos exclusivos para un tipo de vehículo. El otro cambio es que cada grupo va dirigido a una clase (coches y motos están clasificados de A a G, de más a menos potentes), por lo que se acabó eso de ahorrar hasta poder comprar un McLaren o un F50 GT y no tocar otro volante en todo el juego.
La selección de vehículos, por cierto, es buena en tanto que amplia y diversa. Pero falta el Porsche Carrera GT y eso, amigos míos, en Anait baja nota.
La “gran” novedad es la Carrera Gotham. Y le meto el entrecomillado porque en esencia es lo mismo que antes pero quitando las medallas y añadiendo un calendario y un ranking de pilotos. Empiezas con un garaje más o menos (menos que más) vacío y tienes que ir consiguiendo Kudos para comprar nuevos vehículos. Cierto, pero eso vale igual para el modo anterior… se me pasó comentarlo. Las únicas diferencias son que aquí se mezclan coches y motos y que cada cierto tiempo participas en eventos por invitación, que se alejan un poco de la tónica habitual.[
2]
Así pues, a este modo le falta originalidad, y es algo descafeinado si se analiza aparte, pero la gracia está en que cada modo es una alternativa al otro. Los Kudos totales son la suma de los obtenidos en Arcade y Carrera Gotham (y son la única moneda del juego, pues desaparecen los créditos de la anterior entrega), así que cuando te cansas de uno, juegas un ratillo al otro. El resultado es un leve pero agradable
plus de variedad, un comodín para que puedas evitarte eso de estar dos horas seguidas conduciendo en Nurburgring.
Por otro lado, tenemos el multijugador, a pantalla partida, mediante System Link o vía Xbox Live. El
online es todo lo bueno que cabría esperar, por mucho que a veces te encuentres con kamikazes cabrones empeñados en hacer de este juego un Road Avenger
next-gen. Para eso tienes o deberías tener una bonita lista de amigos.
Finalmente, no podían faltar tenemos también hay, lógicamente, los típicos modos de juego que casi no hace falta explicar, como Time Attack y Carrera Personalizada, para que puedas decidir dónde, cómo y contra quién competir y bla bla bla…
Pasemos a lo que interesa.
1. Respeto merecido por una persona
Ni siquiera me he sacado el carnet de conducir, así que no tengo ni la más mínima idea sobre el comportamiento de un vehículo motorizado. Lo que sí sé es que el control de PGR4 no necesita ser más realista; en todo caso son los coches de verdad los que deberían conducirse como los del juego. Tomen nota, queridos fabricantes. Venderán más.
El título de Bizarre Creations es divertido a dolor gracias a su genial control y a la mezcla perfecta entre simulación y arcade que ofrece. Lo descubrirás al ver que no te importa repetir una prueba 14 veces (claro que la reducción en los tiempos de carga al reintentar ayuda). Si es que ya lo dice el Teorema de Daytona:
Se conoce que todo el que basa su jugabilidad en el control del derrape, es un buen juego.
Se modificó hace poco para añadir “Menos los últimos Ridge Racers”, pero nos sigue sirviendo. Y no quiero decir que PGR4 y Daytona USA se parezcan (para nada), pero sus derrapes comparten algo a nivel de sensación y satisfacción.
He leído de todo sobre el control de este juego, pero a mí me parece básicamente el de los otros Gotham con un par de ajustes para que sus novedades brillen más. Para empezar, el agarre es un poco mayor en asfalto seco, posiblemente para que se note más la diferencia al conducir sobre suelo mojado y sobretodo helado. Además, el ángulo de giro de los coches se ha reducido, de modo que el freno de mano es ahora no necesariamente más útil, pero sí más socorrida. No os preocupéis, no es nada grave. Tardas poquísimo en acostumbrarte (si es que llegas a notarlo) y tiene de nuevo mucho sentido si piensas que lo han hecho para maximizar el contraste entre coches y motos, que giran bastante más.
En alguna ocasión confesé que el tema de las dos ruedas me daba mala espina, pero después de jugar opino que es un acierto monumental. Se manejan de perlas y se nota que se ha trabajado en ajustarlas y balancearlas para que no queden ni por arriba ni por abajo de los coches. Es cierto que pueden tener una ligera ventaja en algunas pruebas, pero para eso se nos deja elegir; hay que tener un poco de ojo y seleccionar el vehículo más adecuado en función de las características de cada campeonato. A partir de aquí, lo de siempre: bienvenido sea todo lo que acabe con la monotonía.
Lo que sí me parece una cagada es el cambio en el sistema de Kudos, que se ha simplificado y premia mucho menos los combos. Importa más bien poco en la mayoría de carreras, pero a los más puristas les molestará ver que se ha cargado el espíritu de los eventos con conos…
Lástima también que el control con el volante no sea especialmente bueno.
2. Prestigio. Buena fama o crédito.
Gráficamente, nos encontramos ante lo mejorcito que ha parido la 360. PGR3 se conserva sorprendentemente bien, pero este lo supera en todo. Coches, motos y pilotos lucen de maravilla,
las ciudades (8 + 2 circuitos) están recreadas y texturizadas con un nivel de detalle enfermizo, la iluminación es brutal, igual que los reflejos, la paleta de colores, más acertada que nunca, la sensación de velocidad está logradísima gracias a un
blur aplicado con cabeza (a pesar de seguir corriendo a 30 fps estables)… Mención especial merecen los efectos climatológicos como la lluvia o la nieve, terriblemente espectaculares.
El conjunto sigue sin llegar al nivel de fotorealismo del próximo Gran Turismo 5, pero tampoco le hace falta. Una carrera con lluvia intensa y usando la cámara del interior de la cabina es todo lo que necesitas para entender qué es la
next-gen y por qué merece ser disfrutada en alta definición.
Aún así, hay un par de fallos reseñables. El más molesto es una especie de
bug que hace cambiar constantemente el color de los limpiaparabrisas de algunos coches y que espero que solucionen con una actualización. El menos comprensible es una clara involución en la representación de los daños. Están ahí, pero se han suavizado notablemente si los comparamos con los de la tercera entrega. Y de propina, tampoco le haría daño un poco más de
antialiasing.
¿Y la comunidad? ¿Qué sería de un título estrella de Microsoft sin el rollo de crear comunidad? Yo empiezo a no querer saberlo, porque me he vuelto adicto a esto de
compartir fotos y repeticiones.
Una vez más, la
banda sonora es acertada, con temas de todos los estilos y artistas para todos los gustos, desde grupos que forman ya parte de la historia de la música, como Bloc Party, hasta chavales que empiezan hacerse un nombre, como un tal Beethoven. Personalmente pienso que falla la selección de jazz y swing, que es la BSO de las noches de lluvia, pero siempre podemos meter un poco de Miles Davis y Frank Sinatra en el disco duro o en un USB.
Sobre los efectos de sonido, no voy a ser tan falso como para decir que el rugir del motor del Enzo está clavado, porque evidentemente no he tenido el placer de escucharlo en vivo y en directo. Pero eh, yo me creo lo que suena en el juego y eso me vale.
3. Respeto y fama del ganador.
Dreamcast y Metropolis Street Racer pueden descansar tranquilos, porque Bizarre Creations se despide de su saga con un juegazo para enmarcar. Excelente en todos los sentidos, PGR4 asegura horas de vicio gracias a un modo para un jugador realmente largo, un online adictivo y unos logros realmente inspirados.
Pero tampoco es perfecto, evidentemente. He comentado varios fallos y ahora añado que se echan de menos San Francisco (por ser la mejor ciudad que ha habido en los 5 juegos) y Barcelona (por ser Barcelona). Sin embargo, lo peor de PGR4 es algo que no se ve: es más impersonal de lo que debería haber sido. Puede que sea por los nuevos circuitos (¿Quebec? Vamos, no jodas, eso está en Canadá) o porque la misma gente de Bizarre empieza a estar cansada de la saga. La cuestión es que se nota que este título ha sido menos mimado que MSR o PGR2, y parece que no se han divertido especialmente programándolo (el cortacésped, los taxis y el autobús tenían justo el efecto contrario en el juego de Dreamcast).
A pesar de esto, es más y mejor juego que cualquiera de sus antecesores. Podría haber sido incluso mejor, pero hacía años que no pasaba por mis manos un título de conducción tan variado, elegante y divertido como este, capaz de poner en evidencia el baremo utilizado por las publicaciones de medio mundo. Y es que no entiendo por qué no han llovido dieces para PGR4 cuando en su género es, como mínimo, tan bueno como Halo 3 en el suyo.

- Aviso: Eso no hay que traducirlo, señores de Microsoft. Modo Máquina Recreativa no queda bien [↩]
- Bueno, vale, no son las únicas diferencias, pero joder, no puedo contarlo todo y me parece más importante hablar de otros temas. [↩]
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